PIEDRALAVES 2011
Ya sabéis que un gran presupuesto no garantiza una buena película. Pequeñas joyas se hicieron con muy poquito; un buen director, buenos actores, mucha imaginación y horas y más horas de trabajo.
La nuestra, la de este año, se había ganado una partida para transporte, lo que nos daba libertad para ir y venir. No estábamos encerrados en esa jaula de oro que es la Urbanización Los Herreros, ni dependíamos de almas caritativas que pasaban de ser hermanos un día y al siguiente ganar enteros como el siguiente chofer en un conocido anuncio de bombones.
Teníamos libertad, buen tiempo, gente que conocía el lugar y podía hacer de cicerone con los nuevos invitados. Lo teníamos todo para hacer la película más empalagosa y perfecta del 2011, y como en el documental sobre El bulli, un plato cayó al suelo con estruendo.
Elena no quería venir. Lloros, gritos en una. Sudores fríos y 27 pulsaciones de más en otros. Compañeros asistiendo impotentes a la situación que nos dejaba sin película, con una estrella Michelín menos, o por lo menos, con un viaje sin una actriz fetiche.
Porque las pelis de Almodovar vivirían sin Chus Lampreave, pero vivirían peor.
Y Elena es nuestra Chus particular. La peli no gira en torno a ella – aquí el reparto es coral -, pero esbozas una sonrisa cuando recuerdas los vaciles a Carmen o como se flagela diciendo que come mucho mientras acepta un nuevo trozo de tarta.
Y nos volcamos. Buscamos en todos los lugares. No entendíamos. No sabíamos y Elena no lo ponía fácil. No quería y parecía que no quería ir, precisamente, allí. A dónde otros años la había pasado bien, que dicen al otro lado del charco.
Desesperados estábamos, a punto de claudicar. Y volvimos al horóscopo. Ya sabéis, a lo básico: salud, dinero y amor.
Y allí, en el parné, dimos con la clave: “Hasta que no me paguen por mi trabajo, no me muevo de aquí” venía a decirnos.
¡Y bien que hacía! Así que hablamos con el departamento financiero y llegamos a un acuerdo: a falta de la responsable, adelantábamos parte del sueldo.
Y la tempestad se calmó. Y nos fuimos.
No negaré que a Elena le costó entrar en dinámica vacacional, así que al día siguiente convocamos Sanedrín, y allí los compañeros de reparto, Carmen, los Pepes y Ana la escucharon, la arroparon, pero también se lo dejaron muy claro: “Nosotros entendemos que no estás pasando por un buen momento. Te vamos a ayudar en lo que podamos pero tú también tienes que poner de tu parte.
Y como con esto solucionamos también el tema del amor, y la salud ya sabíamos que era buena, Elena consiguió no creerse la predicción del horóscopo… nos salió una peli redonda.
¿Y qué hicimos? Pues lo mismo que el año pasado y que el anterior: olvidarnos de nuestros roles habituales y llegar a Betesda con la sensación de haber pasado una semana de vacaciones con amigos.
Club de vacaciones
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